Aquello del malo malísimo, que se peina los bigotes al tiempo que ríe “muaca muaca” mientras planifica sus maldades, nunca funcionó para Francisco Herrera Luque. Tampoco lo hicieron los héroes independentistas inmaculados y pulcros, montados en plazas y pedestales exentos de humanidad. Él sabía que la historia la escriben los vencedores (y los que la puedan manipular), por eso su obra fascinaba y sigue fascinando, por su forma de cuestionar lo mil veces dibujado y de fabular ciertas lagunas del pasado de Venezuela.
Cuando en 1972 publicó su novela sobre José Tomás Boves, personaje desvirtuado hasta el cansancio por las vergüenzas y orgullos de historiadores, guerrero terrible, sanguinario y protagonista de leyendas, se convirtió en un éxito inmediato y hoy, es considerada como una de las obras indispensables de la literatura venezolana.
Entre quienes se devoraron los primeros tirajes de la novela en una sentada, estaba el padre de quien sería uno de los directores más destacados de Venezuela: Luis Alberto Lamata.“Siempre me interesó mucho la historia, el cuento de qué había pasado antes. Buena parte de ese interés, es gracias a mi padre, que disfrutaba narrándonos los cuentos de la historia de Venezuela muy, muy bien.” Comenta el director. “Yo tenía como 15 años cuando mi papá leyó y comentó Boves, El Urogallo. Yo la herede y devoré. Recuerdo que fue una lectura afiebrada, de esas que no se detienen. Me emocionó mucho, yo sentía que allí estaba reflejado el país de una manera que no había visto antes. Era interesante, con una forma novedosa de abordar nuestro pasado y las razones de los procesos alrededor de nuestra independencia.”
Poco después de la publicación de la novela, se hizo una adaptación para TV con guión de Jose Ignacio Cabrujas y con Gustavo Rodríguez en el papel protagónico. Era una de las cosas más redondas que se habían hecho en nuestra pantalla y el joven Luis Alberto, ya tenía interés en el cine y la TV. Poco sabía que más de 30 años después, él y su productora Jericó LL Films llevarían a la pantalla grande su propia visión de Boves, El Urogallo.
Esta sería la cuarta de sus películas donde muestra aspectos y personajes de la historia venezolana: En Jericó (1990), lidió con misioneros, conquistadores e indígenas; En Desnudos con Naranjas (1996), vivimos el drama de personajes atrapados en medio de la guerra de independencia; Luego, Miranda Regresa (2008) y ahora Taita Boves. 












Un Té en La Habana
Además de que los protagonistas son hermanos y de que hay fútbol en ambas películas, la mayor similitud que existe entre las cintas es que su mayor fortaleza está en las actuaciones. Los protagonistas de la cinta de Rasquin tenían que ser dos chamos prácticamente adolescentes, que además de tener un talento futbolístico tipo Messi o Zidane, debían soportar dramáticamente la historia sobre sus hombros.

